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 OPINIÓN


El Ajuste y los barrios del conurbano sur -por Orlando Agüero.

Hace ya casi dos años y medio que gobierna la gestión macrista. En los barrios del Gran Buenos Aires hoy se vive una realidad aparte del cataclismo que el resto del pueblo padece. Más pobreza y abandono es la devaluada moneda corriente.

En Buenos Aires el gobierno nacional, el provincial, varios municipios además de la CABA, son gobernados por Cambiemos. La simetría existente debido al color político, objetivamente, tendría que jugar a favor del pueblo. Sin embargo esa unidad de los de “arriba” no viene teniendo hasta ahora factores positivos que ayuden a mejorar la situación de las familias de los barrios.
Solo para pensar un ejemplo, las pasadas semanas fueron en toda la zona de copiosas lluvias. Estas ocasionaron Inundaciones en muchos sectores del conurbano. En Quilmes, municipio gobernado por el conocido cocinero macrista Martiniano Molina, la cantidad de barrios inundados fueron casi catastróficas. Por supuesto que el río desbordó, dejando a la ribera quilmeña casi intransitable. Los barrios por donde el Arroyo Las Piedras transita, también superó sus márgenes, dejando a las familias vecinas con agua en las calles y en las casas. Sin embargo, el dato sobresaliente es que existieron muy pocos evacuados. Es que el nivel de ajuste, aumento de precios y tarifas, empuja a las familias a arriesgarse y quedarse en sus hogares a pesar de ser invadidas por el desborde de las sucias aguas del arroyo por temor a ser víctimas de la inseguridad creciente día a día.
Lo cierto es que una familia común, de cualquiera de nuestros barrios, no puede llegar ni al día veinte de cada mes. Ir a comprar los productos de la más básica canasta familiar se convirtió en un desafío que a veces no se puede cumplir. Pagar la luz, aunque con el “beneficio” de la Tarifa Social se hace insostenible para la mayoría. El gas envasado en garrafas, vive una suba galopante, es decir que para adquirir una de diez kilogramos hay que pagar entre doscientos cincuenta y trescientos pesos y pueden llegar a durar en algunos casos miserables, quince días. El transporte, para aquellas personas que logran trabajar o tener alguna que otra changa, es un suplicio diario. Mucho más si el lugar de trabajo no es cercano al domicilio. El aumento del dólar golpea los rostros de las familias conurbanas con las remarcaciones de los precios en las góndolas de los supermercados y almacenes. Es decir que entre las inclemencias climáticas, que son precariamente atendidas por el Estado, y los gastos diarios en comida, colectivos y/o trenes y servicios básicos, las familias de bajos recursos o trabajadoras, dejan casi la totalidad de los ingresos, casi a la mitad del mes.
Pero como si esto fuera poco, el tener que ser testigo moderno de un nuevo compromiso con el Fondo Monetario Internacional, es como otro duro golpe contra quienes, desde los lugares más humildes, miran estas noticias con incertidumbre y dolor. Es que en la memoria popular se reaviva el recuerdo de los terribles momentos que se debieron pasar en los finales de la década de los noventa y principios del dos mil.
Si hasta ahora, que no existía un compromiso directo con el FMI se recortaron las partidas presupuestarias para el mejoramiento de los barrios, que se puede esperar luego de que se firme tal acuerdo. En este distrito, pero en los barrios más humildes, ya casi no hay recolección de residuos. Se convive día a día con la posibilidad de inundarte y perder lo poco que una familia posee. De ser muy precariamente atendido por el Estado si calificas en la categoría de inundado. De vivir una vida cara en un barrio empobrecido y peleando para conseguir un trabajo o no perder el que se tiene. Tener que soportar nuevamente a los tecnócratas del FMI degradando la soberanía económica que tanto cuesta sostener es otro de los dolores de cabeza que se padecen como otro sufrimiento más.
Desde los barrios solo queda trabajar con dignidad para superar la crisis a la que son sometidas millares de familias. No bajar los brazos y no perder el sentido de luchar para crecer y creer en el propio pueblo.

HCD

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