La bandera y la whipala

Municipio_Quilmes_2020

Por Juan Carlos Pinto (*)

Los jóvenes de clase media coparon las calles, junto a las agrupaciones ciudadanas y Comunidad Ciudadana de Carlos Mesa a quienes apoyaron en las elecciones. Asumieron en este movimiento urbano su reivindicación del “mestizaje” y se cubrieron de banderas bolivianas, las llevaron en ristre o como capa en las calles, como si salieran de un partido de futbol del mundial; en realidad el mensaje que emiten es el que los “bolivianos” no son los “indios”, son en realidad los de “familia bien” de abolengo colonial, aunque muchos de ellos sean morenos y quizás otros con algunas polleras en su árbol familiar.

Buscaron reposicionar la bolivianidad y la ciudadanía como parte de la herencia colonial, que en la república se institucionalizó como sello de quienes “divinamente” habían sido elegidos para mandar “ a los “indios” que solo debían trabajar hasta morir.

Así, las protestas y bloqueos se convirtieron en lugares de paseo y de aventura para llenar sus monótonas vidas, afirmar su identidad mestiza, bloqueando al presidente indio, fue su salida existencial.

En los bloqueos hicieron mucha confraternización de clase, hicieron agapes para compartir, jugaron juntos y compartieron copas como no lo habían hecho antes, por la natural desconfianza del vecino en defensa de la privacidad.

Por eso el simbolismo fue importante, y como parte de su venganza social perseguir a los diferentes, patear a los choferes, insultar a las vendedoras, y a otros “nadies” por no sumarse a su cruzada de bolivianidad.

En ese camino cuando la Policía decidió sumarse a su cruzada por intereses propios y económicos, también a través de la oficialidad cargaban con el discurso de clase, entonces permitieron la quema pública de la whipala, y públicamente también algunos la cortaron de su uniforme.

Esta situación puso de manifiesto, no como pretendieron explicar algunos de que la whipala es el símbolo del MAS, sino todavía más profundo, el que es el símbolo de la indianidad plurinacional de Bolivia y que los sectores medios movilizados quieren negar y pisotear para parecer “menos indios” ante el primer mundo al que quisieran pertenecer.

Por eso la rabia del cabildo Alteño y la reivindicación de la Whipala como identidad, por eso la fuerza de la movilización, que hizo que las bases de la policía pidieran perdón públicamente y reivindicaran su origen. Este contexto, nos da la pauta, de que este país no ha cambiado para algunos, para esos racistas de antaño que lo siguen siendo como clase, y que se reivindican como dueños del poder; mientras la mayoría indígena originaria campesina, ya no calla y reivindica y ostenta orgullosamente su identidad. Ya no más sumisión, ahora el presente es de lucha y defensa de una Democracia que no sirve si la mayoría del pueblo no está presente y el futuro es nuestro y será plurinacional como nuestra tierra teñida de colores.

(*) Referente de los movimientos sociales bolivianos

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