Matilde Campilongo y un visceral trabajo en “La tortuga”, para ver en las redes

Municipio_Quilmes_2020

La actriz Matilde Campilongo cumplió una visceral actuación con su unipersonal “La tortuga”, escrito y dirigido por Marcelo Allasino, que describe una conversación online de una mujer de mediana edad y con conflictos irresueltos, en una función para tiempos de cuarentena a través de www.teatrouaifai.com

La obra se repetirá jueves y sábados a las 22, a la manera del teatro tradicional, y las entradas virtuales se deben adquirir en http://www.teatrouaifai.com/informacion-espectadores; lo interesante es que si bien el espectáculo es el mismo, la función es en vivo, con todas las variantes que eso conlleva.

“La tortuga” se había preestrenado en noviembre de 2019 en el Centro Cultural La Máscara, de la ciudad de Rafaela, aunque el director y la actriz ya habían trabajado juntos en la obra “Money4Nothing”, durante la temporada inaugural de Microteatro Buenos Aires 2017.

Según cuentan ellos mismos, la medida del aislamiento a raíz de la Covid-19 los obligó a continuar ensayando a través de videollamadas y así la obra se potenció en una nueva versión que utiliza el dispositivo que plantea la trama.

El mecanismo es simple: la mujer se sitúa delante de su notebook y dialoga con una amiga de la adolescencia a quien no ve desde hace muchos años -aunque solo se escucha a la protagonista- a través de un plano fijo que la actriz maneja por momentos y que también incluye alguna salida de cuadro.

Es la característica de un teatro posible, de emergencia ante el confinamiento de la intérprete y el espectador, en la que la estética es distinta; no hay contacto directo con la actriz ni tampoco es cine ni televisión, ya que no hay un montaje acorde a esos medios.

La actuación es teatral, sin duda, por lo que algún acercamiento a la cámara puede deformar el rostro, someterlo a la baja definición del sistema, y ese plano fijo -que sin embargo oculta alguna perspectiva adrede- sustituye de algún modo la ubicación de quien observa en una sala.

En esa videollamada la mujer discurre por diversos temas que trascienden la reciente operación de un tumor en la matriz y cubren una vida afectiva más quejosa que disfrutada, más autocomplaciente que terapéutica, en la que no parece buscar más que testigos de sus padeceres.

Así aparecen una madre obsesiva y formada para el displacer, la hija adolescente y alejada, fruto de una relación ocasional, un marido actual también lejano y que la “respeta” en su inapetencia erótica, más un par de muertes cercanas.

Con ese texto -sobre el que el autor y director Allasino deslizó que se estaba espejando en el personaje femenino-, Campilongo logra una composición elocuente, que transmite las angustias de su personaje con vibración y profundidad, en la compleja incertidumbre de una emisión en vivo.

La actriz utiliza un certero manejo de la voz y se mueve con soltura en lo que sin duda debe ser el living de su propia casa, elaborando con su cuerpo primeros planos, planos medios y notorios ángulos que delatan una planificación.

El novedoso formato es también su oportunidad de acceder a un mayor conocimiento público, ya que Campilongo es asimismo bailarina y alternó trabajos y estudios con Laura Yusem y Ricardo Bartís, entre otros, con actuaciones generalmente brillantes en “El cabaret de Concha del Río” y otros espectáculos de varieté.

El autor y director Allasino fue hasta fines de 2019 director ejecutivo del Instituto Nacional del Teatro, pero antes se formó con importantes maestros, fundó en Rafaela, su ciudad natal, el grupo Punto T, el centro cultural La Máscara y logró establecer desde 2005 el Festival de Teatro de Rafaela, un reputado acontecimiento anual codiciado por elencos nacionales y del exterior.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *