Belgrano y el olvido de una tumba americana

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Por Ariel Hartlich

“Se ha dicho, y dicho muy bien, ‘que el estudio del pasado enseña cómo debe manejarse el hombre en lo presente y porvenir’, porque desengañémonos, la base de nuestras operaciones siempre es la misma, aunque las circunstancias alguna vez la desfiguren” (Belgrano, 1968: 7), sentenció el General Manuel Belgrano al emprender su Autobiografía, como un perenne legado para quienes crecimos a la luz de su estandarte e intentamos honrar su memoria.  
      Al mismo tiempo, resulta al menos sugerente para nuestro pensamiento nacional que el creador de la Bandera Celeste y Blanca, que todo lo dio por Nuestra Patria y su libertad, en su Autobiografía no haya mencionado una sola vez la palabra Argentina o argentinos, y que tampoco lo hiciera en las memorias de la Expedición al Paraguay o de la Batalla de Tucumán, tan cara a nuestra historia. Sin embargo, si utilizó la palabra América o americanos, trazada por su pluma decenas de veces en el texto, cuestión que indudablemente nos debe interpelar como argentinas/os. Como una deuda pendiente de aquellos años de sacrificios, guerra y emancipación, en los que nuestros patriotas entregaron su vida por la libertad de un continente: América. Resulta un hecho que nuestra declaración de la Independencia de 1816 fue proclamada por y para las “Provincias Unidas en Sud América”, como puede observarse en su acta, y no solamente para Argentina como muchas veces tendemos a creer.
    En mi opinión, este bicentenario del fallecimiento del General Manuel Belgrano debe servirnos para reflexionar sobre el sentido que adquiere su legado en estos tiempos donde Nuestra América continúa debatiéndose entre la unión y la dependencia. Concretamente, resulta revelador en estas circunstancias recuperar un hecho poco conocido, y generalmente disimulado por la cultura hegemónica, como es el manifiesto americanísimo de nuestros próceres. Particularmente, Belgrano en el congreso de Tucumán propuso coronar un monarca Inca al frente de las “Provincias Unidas en Sud América” para dar continuidad administrativa a la Revolución y mantener la unidad territorial de los pueblos emancipados. 
    En efecto, en 1816 Belgrano llevó la propuesta de restituir una dinastía incaica como cabeza de la nueva nación que se independizaba, para lo que postuló como Rey a Juan Bautista Condorcanqui, hermano del rebelde José Gabriel quien fue conocido como Tupac Amaru II, cuando lideró la rebelión del Cusco en 1780, por la que fue descuartizado por el ejército español, que además asesinó a casi toda su familia. Pero, Juan Bautista, a diferencia del resto del grupo familiar había sido castigado por las autoridades virreinales con el destierro a Ceuta -un enclave colonial de España ubicado en África-, donde permaneció preso entre 1788 y 1822, cuando a instancias de su compañero de prisión, Juan Bautista Azopardo, se radicó en Buenos Aires. 
Con relación a la propuesta de Belgrano en el congreso de Tucumán, debemos destacar que nace de la necesidad de recurrir a las propias raíces, y que la postulación recayó en Juan Bautista cuando aún se encontraba preso en colonia española, aunque también se promovió a Dionicio Inca Yupanqui que integraba el regimiento de dragones en España. Este proyecto finalmente fue rechazado con una fuerte oposición porteña, al respecto el diputado Tomás Manuel de Anchorena diría sobre la postulación hecha por Belgrano: “Nos quedamos atónitos con lo ridículo y extravagante de la idea (…) vimos brillar el contento de los diputados cuicos del Alto Perú (…) De que se pusiese la mira en un monarca de la casta de los chocolates, cuya persona, si existía, probablemente tendríamos que sacarla borracha y cubierta de andrajos de alguna chichería para colocarla en el elevado trono de un monarca” (Galasso, 2011: 202).
Finalmente, el candidato indígena de Manuel Belgrano, ya octogenario, murió en Buenos Aires el 2 de septiembre de 1827 sin poder regresar al Cusco, dado el clima político que se vivía. En particular, en el Cementerio de la Recoleta se encuentran sepultados los restos de Condorcanqui, y aunque su tumba no está localizada en el libro de registro del año 1827 está asentado el ingreso de Juan Bautista Tupamaro el día 3 de septiembre. 
La tumba de del Inca fue olvidada en la Recoleta, al igual que gran parte del legado Americanista de nuestro libertador. Por lo que, espero que estas líneas sirvan para reflexionar sobre nuestra historia en una fecha tan sentida, ya que en definitiva: la base de nuestras operaciones siempre es la misma, aunque las circunstancias alguna vez la desfiguren.
Bibliografía:
 ASTESANO, Eduardo (1979) Juan Bautista de América. Editorial Castañeda. Buenos Aires.
BELGRANO, Manuel (1968) Autobiografía. Carlos Pérez Editor. Buenos Aires
GALASSO, Norberto (2011) Historia de la Argentina (tomo 1). Colihue, Buenos Aires.
FUSTER, María Teresa (2016) “Los documentos de julio. La declaración de la Independencia”. Legado, la revista del Archivo General de la Nación de la República Argentina. Número 2. CABA. (Pág.: 50-56). 

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