En la causa, todo apunta a un crimen sin planificación

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Por Raúl Kollmann para Página 12

Dos de los cuatro detenidos por el crimen de Fabián Gutiérrez admitieron que tuvieron algún grado de participación pero dijeron que el que golpeó y acuchilló fue Facundo Zaeta. Aunque se habrían utilizado dos cuchillos, el fundamental fue uno que encontraron en la casa de Gutiérrez, lo que demuestra que el asesinato en sí mismo no contó con ninguna planificación. Fue producto de alcohol y drogas y sobre todo de que estaba el peligro de que Gutiérrez los denuncie. 

La autopsia en Río Gallegos, que ya terminó pero no se conocen los resultados, determinará cuál fue la causa de la muerte, pero la impresión es que lo golpearon hasta matarlo o dejarlo inconsciente y que al final le clavaron tres veces el cuchillo, con puñaladas en el mismo lugar y con el mismo ángulo, de manera que parece más bien que lo remataron y está claro que ya no tenía ninguna reacción. Hay versiones que indican que en el cuerpo de Gutiérrez hay rastros de tortura y podría haber sido estrangulado. El móvil del homicidio –según confesaron dos de los partícipes ante el juez Carlos Navarte– fue la extorsión, sacarle dinero, y gran parte de los hechos se produjeron en una cocina–comedor–sala de estar, donde se encontraron enormes manchas de sangre. También había sangre en la bacha del baño y de la cocina, pero la hipótesis es que allí los asesinos se lavaron.

Los dos que declararon ante el magistrado fueron Facundo “Juanca” Monzón y Pedro Gómez. El principal imputado, Facundo Zaeta, declaró como testigo, pero deslindando responsabilidades, es decir que mintió. La declaración testimonial a Facundo la va a tomar el juez posiblemente el martes y tal vez le tome indagatoria a Agustín, hermano de Facundo, este lunes. De todas maneras, las pruebas son apabullantes: manchas de sangre en sus ropas, huellas, imágenes de cámaras, las marcas de las llantas de sus vehículos. Todo indica que los tres Monzón, Gómez y Agustín tratarán de desvincularse del homicidio, aunque es muy difícil que escapen a la acusación de partícipes o cómplices.

La relación de Gutiérrez con Zaeta era más que reciente: el ex secretario presidencial tuvo otra pareja, estaba triste por la separación y de alguna manera tomó contacto con Facundo. A algunos amigos muy cercanos les contó que esperaba pasar el fin de semana con él. No falta quien dice que medió dinero en la relación.

Todos dijeron que Gutiérrez y Zaeta tomaron alcohol antes del desenlace y la presunción es que Gutiérrez quedó vulnerable, porque los jóvenes son mucho más chicos de tamaño que el ex secretario y los hombres de Homicidios de Santa Cruz evaluaron que difícilmente lo hubieran podido maniatar sin estar indefenso. El único arma que llevó el grupo fue un cuchillo sin filo, lo que lleva a pensar que el arma del homicidio fueron, primero los golpes, y luego un cuchillo tomado de la casa de Gutiérrez. Los dos cuchillos están secuestrados, pero el arma sin filo, así como un celular, fueron dejados en un espacio donde se reúnen jóvenes para patinar. El cuchillo y el celular estaban envueltos en una bombacha y a la vista. 

Una de las pruebas que más complica a Facundo Zaeta es que tiene las manos hinchadas, producto de los golpes que pegó. También hay rajuñones en su cuerpo. Otro de los detenidos también tiene rastros, pero mucho menores, lo que hace pensar que el principal protagonista fue Facundo.

Los jóvenes eran consumidores de drogas: en una de sus viviendas se encontró una plantación de marihuana, mucho alcohol y todo lo robado en casa de Gutiérrez, entre otras cosas el ron que el ex secretario compró aquella misma noche, un televisor, un equipo de sonido, una caja de habanos y otros elementos menores. Pero Zaeta había sido detenido en octubre con pastillas de LSD y era conocido en el mundo de la noche como un gran consumidor de alcohol.

La situación actual es que parece probado que los cuatro estuvieron en casa de Gutiérrez. Lo indicarían las huellas y las marcas de las respectivas camionetas. También sucede que les secuestraron ropas con sangre. Pero Monzón, Gómez y seguramente Agustín aducen que todo, los golpes, las cuchilladas, la exigencia de dinero y hasta haber enterrado el cuerpo, fueron obra de Facundo Zaeta. 

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