La Noche de los Lápices-por Orlando Agüero

Municipio_Quilmes_2020


Hoy 16 de setiembre, se recuerda que hace 44 años, la ultima dictadura militar secuestraba, toruraba y asesinaba a Estudiantes Secundarios en la ciudad de La Plata. Lxs jóvenes reclamaban por el Boleto Estudiantil, una demanda mínima y básica que facilita el acceso a clases. Sin emabrgo, la respuesta de los militares fue el terror.
Bajo el nombre La Noche de los Lápices es que se conoció a otro de los aberrantes episodios cometidos por la Junta Militar, en el proceso del 76 al 83. Si bien La Noche, es en referencia a que los secuestros se llevaron adelante en horarios nocturnos, también se significa en la oscuridad que representaban los militares y sus grupos de tareas. En aquella larga noche, donde desfilaron no solamente los uniformes verdes, azules y sotanas, si no también trajes con corbatas y maletines, que con sus dólares financiaron el terror, el saqueo y la muerte. Tan oscuras fueron las tinieblas, que el miedo se apoderó de la sociedad, que no se animó a hablar durante años. En este caso la oscuridad, la noche y el silencio se convirtieron en socios casi inalterables.
Pero no hay noches eternas. La luz siempre hace fuerza para encontrar un lugar por donde alumbrar la vida. Los naturales colores que nacen como producto del impacto del sol con la tierra, finalmente pudieron vencer a los sicarios que custodiaron los portales de la noche. Abrieron sus compuertas y como un faro arrasador, irrumpieron las Madres de Plaza Mayo y aquellxs primerxs defensores de los DDHH. Alumbraron el camino del pueblo, que hasta entonces naufragaba en el peor de los océanos, en la más tenebrosa tormenta y en la más absoluta oscuridad.
Así fue que logramos con lucha y sacrificio esta democracia que hay que mejorar, transformar, pulir, cambiar algunas piezas, destruir otras y modernizar en términos de justicia e igualdad de derechos, todos los resortes fundamentales para el funcionamiento de la vida digna. Sin embargo, debido a las limitaciones de la democracia que supimos conseguir, de esa larga noche se desprendieron nubarrones que a veces tapan la luz del sol de la libertad. Y nos asustamos. Se nos eriza la piel cada vez que pasan esos nubarrones y nos desaparecen a Santiago Maldonado o a Facundo Astudillo Castro. Nos llenamos de rabia cada vez que de aquella tenebrosa oscuridad se desprende una niebla y asesina a Darío Santillán, a Maxi Kosteki o a Luciano Arruga.
Hoy le rendimos homenaje a aquella juventud, que supo levantar bien alto el espíritu transformador de todx jóven. Les homenajeamos porque es totalmente reivindicable su actitud ante la vida y ante la muerte. Porque además son un ejemplo de lucha reivindicativa de todo el sector estudiantil. El boleto, se transformó en una bandera de lucha que finalmente forzó a las instituciones del Estado a acceder ante esta necesidad de los y las estudiantes.
Finalmente es necesario decir también que los Lápices, siguen escribiendo la historia del pueblo y sus luchas. Continúan dibujando el escenario donde actúan lxs trabajdores. Lo llenan de colores, escriben memorias y denuncian las injusticias que se comenten desde el mismo Estado que a ellxs les secuestró, torturó, asesinó y desapareció. Escriben en papeles y en las paredes de las ciudades y los barrios. Escriben el nombre de sus asesinos y de los asesinos de otrxs, en el ayer y en el presente. Escrachan a militares y policías asesinos y no descansan para así también denunciar a curas y empresarios cómplices.
Los Lápices siguen escribiendo y el pueblo todo agradece que así sea, para que NUNCA MAS vuelva aquella noche. Y a quienes impulsan los actuales nubarrones, que se llevan la vida de más jóvenes, los lápices continuarán escrachando sus nombres y sus rostros en todas las superficies materiales e inmateriales de la vida.

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