[ LA NOTICIA DEL DÍA ], [OPINIÓN]

ARDE la RABIA: Duelen los incendios

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En medio del tránsito de la pandemia por covid-19, arden montes y humedales en todo el continente nuestroamericano. El deterioro de la civilización depredatoria capitalista y patriarcal, nos muestra una vez más su desagradable rostro. Sin embargo, ante este cuadro, es imprescindible reconstruir los ancestrales lazos con la Pachamama. Eso claro, si es que queremos sobrevivir, combatir  las llamas del negocio capitalista de la tierra y poner en pie un proyecto que se desvincule de estas formas de acumulación de capital y poder.

Imágen: Alejandra Andreone (docente, artista plástica, militante del Frente Popular Darío Santillán)

Texto: Orlando Agüero (Militante del Frente Popular Darío Santillán).

Una vez más el fuego. Una vez más como un elemento conducido por la codicia. Una vez más porque se repiten en cada avance de los sectores de la derecha extractivista. Un fuego que, precedido por un virus mortal, se incorpora al escenario político nacional y sudamericano, casi como una invasión  en territorios anhelados por la gula de los sectores más ricos del continente. No es el fuego el enemigo. Son las corporaciones transnacionales del negocio financiero, de la soja, del petróleo, de los minerales, con el beneplácito de gobiernos y oposiciones y la complicidad de los medios de comunicación concentrados.

Desde el mes de julio que comenzaron los incendios en nuestro país y solo en la provincia de Córdoba al día de hoy la superficie en llamas llega a 190.000 hectáreas. Demasiado para un país donde la discusión, en el más alto nivel del gobierno nacional, son las Tomas de Tierras por familias que sufren la crisis económica, el déficit habitacional y la falta de iniciativas palpables en la realidad de planes de viviendas. Sin embargo, ya son trece las provincias de nuestro país que están con focos activos. Pero si miramos al continente podremos observar que el fuego se apropió de sectores selváticos de todos los paises sudamericanos.

No existen posibilidades para que estos incendios sean naturales.

Sin ninguna duda son intencionales. Esto es así porque la depredación sobre los bienes naturales, llevada adelante por este sistema de muerte, avanza y avanza sin parar. Entiendo que este nuevo avance de la deforestación, se da a partir de la instalación de la pandemia por coronavirus. Si bien incendiar los montes y/o campos es una forma ilegal pero tradicional, utilizada por quienes intentan incrementar sus cultivos de soja (por ejemplo), no es menos cierto que el crecimiento en estos ultimos meses, sobre superficies hoy afectadas por las llamas, ascendió al doble de lo esperado por las agencias de control del fuego. Este estilo de “guerra de posiciones” la provechan los sectores concentrados de la economía, dado que las medidas de aislamiento social, afectó la capacidad de resistencia de la fuerzas populares que generalmente les dificultan y en muchos casos impiden  deste tipo de desarrollo de la acumulación del capital. En relación a esto, el caso colombiano es paradigmático.   El ascenso de la degradación forestal en ese país, es casi una consecuencia directa del Proceso de Paz. Es decir que luego del desarme y desarticulación de las FARC, se multiplicaron los incendios forestales. Así fue que la ausencia de la actividad en el territorio, de esa organización armada colombiana, habilitó para que otros interesadxs se expandieran sobre aquellas extensiones selvátias y montañosas. La inmediata consecuencia fueron incendios y depredación forestal. Aunque también hay más consecuencias como la desbastación del hábitat natural de especies animales, vegetales y árboles, acompañando el desplazamiento de comunidades expulsadas por el fuego.

El fuego, tanto como el agua, el aire y la tierra, son elementos naturales que nos proporcionan vida. Con esos elementos en libertad solo podemos encontrar caminos que nos unen a ella y a su reproducción. Hoy nos duelen los incendios, pero nos Arde la Rabia. Porque es muy posible otra realidad, aparte de ésta, que ya demostró su fracaso. Aunque las nubes de humo, producto de las quemas se vuelquen sobre las ciudades, respiraremos bajo nuestros barbijos el aire que necesitamos para rebelarnos ante estos atropellos en nombre de la civilización. Cada vez que se posicionan en pos de avance, se dedican a prender fuego la naturaleza. Ya vivimos algo similar, durante el debate argentino por la resolución 125. Esta pretendía aumentar las retenciones a los sectores agroexportadores, particularmente a los sojeros. Hay que recordar aquellas nubes de humo sobre las ciudades del conurbano y la capital federal producidas por los incendios de campos que realizaban lo oligarcas vernáculos. Como en el presente, el fuego en nuestro país, aparece casi como una respuesta al debate de las tomas de tierras, el cuestionamiento del concepto de propiedad privada tradicional y el impuesto a las grandes fortunas, devenido en ley de aporte solidario por única vez. Los sectores dominantes quisieran llevarse por delante estos debates, sin importantes (como nunca les interesó) las millones de personas que sufren en nuestro país y el resto del continente.

Es por eso que si queremos sobrevivir, debemos unirnos y hermanarnos con la madre tierra. Cuidarla y protegerla como se defiende a una madre o a un hije. Porque esa será la única manera de unirnos con nuestros pueblos, con nuestra clase y con la humanidad que no quiere más ese salvajismo depredador del capitalismo-patriarcal. Nos duelen los incendios. Nos arde la rabia.

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