17 de Octubre de 2020: No es crítica, es un dolor en el costado

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En medio de la catástrofe de las dos pandemias, en este 17 nos llega una nueva celebración del hecho maldito del país burgués: festejamos desde la tribuna los que pusimos la mayor parte de las boletas con que logramos la hasta ahora huidiza victoria electoral del 2019. En la cancha, pese a tanta batalla, se propagan los elegantes funcionarios; la muy ilustrada y progresista inteligencia académica ocupa lugares que debieran ser dominio de las mayorías que hoy celebramos los 75 años de lucha.
¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que la enorme legión de pobres que ha generado la política está esperando oír hablar de amistad y consenso, de unidad y de paz?
El discurso político debe apuntar a las mayorías, víctimas de años de vaciamiento y entrega, y apelar a sus necesidades inmediatas, a sus sueños incumplidos, a las esperanzas frustradas. No convence ni satisface el reclamo de dignidad humana del pueblo ninguna arenga ideológica. Ni es desde el refinado discurso economicista que se acerca un conductor a su pueblo.
Eso es para “la gente”.
El pueblo es otra cosa.
Al gobierno de Alberto le falta contacto fraternal, aproximación, arrimo al pueblo raso, a la plebe, al vulgo, a la masa; a una población disciplinada que padece afónica y sacrificada el mandato de su gobierno.
Lo que natura non da Salamanca non presta.
La familia pobre está esperando un cariño de su gobierno, un gesto a los pibes del barrio, al calor de las vecindades agradecidas; una aproximación a la calle de tierra, al almacén con despacho bebidas, a los corredores de la villa miseria, al charco y las alpargatas mojadas. Lo esperan las tortas fritas de la gorda peronista, las muchachas del lúgubre taller y los prole de la iluminada nave de la fábrica, los altivos roñosos de la calle y la empleada que se esconde en el baño de la tienda a llorar, el uniformado aguantando la lluvia en la imaginaria y los millones de sacrificados en el ir y venir de la casa al trabajo apretujados en un bondi o un tren siempre desesperados porque no llega a hora.
Esos argentinos no quieren, no les convence un gobierno fifí.
Esperaban otra cosa.
Nosotros, los peronistas, también.

Ernesto Jauretche
La Plata, 14/10/2020

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