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Menos ingresos y más violencia contra las personas en situación de calle que consumen en la Ciudad

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Un relevamiento sobre la situación en pandemia de personas en calle que consumen sustancias psicoactivas en la Ciudad mostró que a la totalidad se le interrumpió los ingresos laborales formales o informales y que la mayoría experimentó un aumento de la violencia institucional, en términos de represión policial y discriminación por parte de efectores públicos durante la cuarentena.

Entre abril y noviembre del 2020, Intercambios Asociación Civil en articulación con otras cuatro organizaciones comunitarias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires -No tan Distintas, Abrigar Derechos, Tekoporá y Ollereando- llevaron adelante una investigación de tipo cualitativo con el objetivo de describir las relaciones entre situación de calle, acceso a la salud, y uso de drogas en el contexto de la pandemia de la Covid-19.

“Aparece por un lado como el 100% de las personas en situación de calle refiere realizar previo a la pandemia algún tipo de trabajo formal o informal y que esto se vio interrumpido en el contexto del ASPO o el Dispo, generando un aumento de las condiciones de vulnerabilidad en la Ciudad de Buenos Aires”, dijo a Télam la coordinadora del estudio, Jorgelina Di Iorio.

Además “hubo un aumento de la violencia institucional a partir de un aumento de la presencia de las fuerzas de seguridad en el espacio pública” y fueron las organizaciones sociales y comunitarias las que “más han paliado los efectos más negativos” de la pandemia.

Del proyecto participaron de forma voluntaria 57 mayores de 18 años que se autoperciben en situación de calle y consumieron alguna sustancia psicoactiva en los dos meses previos al relevamiento, que pertenecen a las comunas 1, 3, 6 y 9 de la ciudad de Buenos Aires.

El estudio mostró que la mitad de los participantes “estuvieron en cuarentena” en el espacio público y la otra mitad en algunos centros de alojamiento transitorio; pero la mayoría recibió sólo por parte de organizaciones sociales, información y elementos de prevención de la Covid-19, tales como agua potable, barbijos, jabones y alcohol en pulverizadores.

El 93% refirió haber consumido alcohol, tabaco, marihuana o cocaínas en el último mes, mientras que el 44% admitió haber tomado clorhidrato de cocaína, pasta base y sus derivados.

Además, 8 de cada 10 respondió que durante el ASPO sus consumos de sustancias cambiaron, principalmente aumentando sus ganas de consumir pero también incorporando prácticas para evitar el contagio de coronavirus.

Frente a las preguntas relacionadas a violencia institucional, la mayoría coincidió que hubo un aumento de la presencia de las fuerzas de seguridad y por ende mayor represión en las calles.

Más de la mitad refieren tener algún problema de salud, principalmente vinculados con los usos de drogas, HIV, tuberculosis y otros malestares respiratorios y musculares, y muy pocos refieren haber accedido a algún tipo de atención.

El 67% lleva más de un año en situación de calle y la mayoría hace más de un año que no consulta un centro de salud; mientras que un 28% se encuentra realizando algún tipo de tratamiento en salud en dispositivos “amigables”, ya sea de HIV o por consumo problemático.

La totalidad de las personas encuestadas refiere que previo a la pandemia realizaba trabajos informales como venta ambulante, cuidar coches, recolección de cartones o trabajo sexual, como forma de subsistencia.

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