OPINIÓN, [DESTACADOS]

Por un Ecologismo Popular: ambiental, subjetivo, social

Municipio_Quilmes_2021

Por Mariano Pacheco (*)

Los episodios del fin de semana en Chubut volvieron a poner en el centro de la escena política el debate en torno a los problemas ambientales. Algo que viene siendo discutido ya no sólo en la Argentina durante los últimos años, sino en el mundo entero en las últimas décadas. Es que el Orden Mundial Neoliberal en el que vivimos en este siglo XXI (el orden del “Realismo Capitalista”, como hemos dicho con insistencia junto a Mark Fisher), abisma a la humanidad en su conjunto hacia un precipicio.
Más allá de la trágica situación patagónica de estos días, de los incendios y consecuencias para las vidas de sus habitantes, de lo acontecido el sábado (“camioneta presidencial apedreada por ambientalistas”, según Página/12; “ambientalistas agredidos por una patota de la burocracia sindical peronista”, según La Izquierda Diario; “protesta infiltrada por la policía”, según los propios ambientalistas), lo que quiero destacar en estas breves líneas es la importancia de dar cuenta de un desafío que cada día se impone con mayor urgencia para las militancias de los Movimientos Populares: la necesidad de gestar una línea de intervención que podríamos caracterizar como de Ecologismo Popular.
Ya hemos dicho, en otras oportunidades, que desde un Punto de Vista Popular resulta fundamental inscribir nuestra coyuntura en la serie histórica nacional (así como ésta en la serie Latinoamericana e internacional). Como recién señalamos, éste es un problema mundial, pero cada país va encontrando sus respuestas (o enfrentando las consecuencias de encontrarlas). Los incendios en nuestro país durante los últimos tiempos nos hablan de una urgencia insoslayable.
El escenario vuelve a repetirse: los conflictos ambientales muestran una y otra vez los límites de este tipo de gobiernos, porque más allá de las mejores o peores intenciones de sus funcionarios expresan los límites de un modelo de país: ahora Alberto Fernández como antes Cristina, e incluso Néstor Kirchner en Argentina, así como Correa en Ecuador y Pepe Mugica en Uruguay, Lula en Brasil e incluso Evo Morales en Bolivia. En nuestro caso, el modelo productivo viene acompañado de un régimen político heredado de la derrota de las apuestas revolucionarias de los años setenta: la “clase política” (esa casta dirigencial partidaria y sindical separada de los sentires, problemas y formas de vida de las clases populares), más allá de excepciones, que pueden verse expresadas en dirigentes o experiencias puntuales al interior de esas dinámicas (tanto partidaria como sindicales).
Pero también muestran los límites de las luchas desde abajo, puntuales y locales, cuando no construyen una estrategia política, no intervienen en la política nacional, en fin, cuando quedan ancladas simplemente a una dinámica de organización social (hemos subrayado en otras oportunidades, asimismo, la importancia de la conformación de los Movimientos Populares en tanto experiencias de lucha y organización social + estrategia y programa político).
Así como los feminismos supieron construir al interior de un movimiento amplio y diverso una línea “popular”, sospecho que con el ecologismo viene sucediendo algo similar: en la medida en que se sostenga ésta dinámica, habrá nuevos procesos de resistencia y otras malas e ineficientes respuestas desde el Estado que, a no olvidarlo, es un Estado Liberal, incluso cuando lo gestionen quienes más nos gustaron votar en las elecciones (o los menos peores, según los casos). Ni las luchas ambientales abordarán una estrategia que les permita contribuir a poner en pie un proyecto de país que pueda ir desplegando tácticas concretas y eficaces en función de cambiar las adversas correlaciones de fuerzas actuales, ni las gestiones del Estado por parte de gobiernos de los que son parte diversos movimientos y militancias populares podrán abordar esta problemática de fondo y estratégica que las organizaciones ambientalistas vienen a recordarnos cada vez, con sus luchas: que en el siglo XXI no hay Justicia Social si no se puede pensar otras formas de vida que incluyan la Justicia Ambiental.
Hace algunas décadas el filósofo militante Félix Guattari reflexionó bastante en torno a lo que llamó “Las Tres Ecologías”. Básicamente, decía que no era posible pensar la ecología (referida a sus aspecto más clásicamente ambientales) sino entrelazada con una ecología subjetiva y social, es decir, una política que se plantee de manera simultánea un replanteo del vínculo entre la humanidad (con su acción depredatoria) y el planeta, mientras asume que el capitalismo neoliberal no deja de profundizar la angustia, la tendencia a la soledad, el individualismo y la neurosis, separando a los sujetos del campo social y privatizando el malestar, mientras crecen las asimetrías de clase, y cada vez son más las personas que padecen el tránsito por este mundo, y cada vez las riquezas aparecen concentradas en un puñado de privilegiados que viven con sus riquezas a costa de ese desastre ambiental y social.

MARIANO PACHECO (Director del Instituto Generosa Frattasi)
Otros textos en #ProfanasPalabras, el Blog de El Escritor Cabeza:
http://profanaspalabras.blogspot.com/

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