NACIONALES, OPINIÓN

El ejercicio de la Soberanía en el sentipensamiento ancestral-

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La soberanía sobre nuestros ríos no se resume en cobrar los peajes fluviales del Paraná. El ejercicio de la soberanía implica decidir qué producir en nuestra tierra. Los buques mercantes que entran y salen de nuestro territorio, todos de bandera extranjera, lo hacen para llevarse los recursos de nuestra tierra, en la mayoría de los casos, bienes que las potencias extranjeras deciden que se produzcan en nuestro territorio. Entonces, en el 55% de las tierras fértiles del país se cultiva soja transgénica para alimentar chanchos chinos a pedido de la Bolsa de Cereales de Chicago y no a pedido del Pueblo Argentino. No tenemos ninguna duda que si a los argentinos y argentinas se les preguntara qué quieren que se cultive en las tierras de su país, el 99,9% no pediría que se siembre soja transgénica, sino alimentos para paliar el hambre y la carestía de la vida que hoy sufre el Pueblo Argentino. En Argentina cierra un tambo cada día y los cultivos de maíz y trigo desaparecen para liberarle el territorio al avance de la soja transgénica. Ante este escenario ¿cómo no va a subir el precio de la leche y el pan? ¿de qué manera quienes conducen los destinos del país cuidan la mesa de su población? Si creemos que cobrar los peajes fluviales a los barcos que llegan para llenar sus bodegas con soja transgénica es un acto de soberanía, estamos ante un grave problema. Ningún país de nuestro continente goza del ejercicio soberano de decidir qué producir en nuestra tierra. Venezuela produce petróleo y su principal comprador es EEUU; Bolivia produce gas y litio porque lo demanda el extranjero; Argentina y Paraguay producen soja porque lo pide China. Nadie decide qué producir en su tierra y ese es un problema por demás grave. Porque la mayoría de los países de nuestra región, enclavados en la principal reserva de tierras cultivables del planeta, tienen que importar comida, porque no se ocupan de producir alimentos, sino de garantizar lo que demandan las potencias extranjeras: petróleo, gas, litio y soja forrajeara para alimentar ganado en tierras tan lejanas como ajenas. Un despropósito mayúsculo, cuando no un crimen de Lesa Patria. El Pueblo pide comida: hay que producir comida. Eso es lo primero en lo que hubiesen pensado nuestros ancestros; es lo primero en lo que hubiesen reparado los gobernantes de esos enormes y poderosos Estados llamados Tawantisuyo en el sur de nuestra Abya Yala y Excan Tlahtoyan en el norte. Lo primero que había que llenar eran los almacenes comunitarios. Lo primero que había que garantizar era la comida del Pueblo. Por eso, cuando los invasores quisieron romper el equilibrio de nuestro mundo pidiéndonos llenar primero las bodegas de sus barcos y garantizar primero la provisión de oro y plata, fuimos a la guerra. No íbamos a gobernar una colonia sobre el hambre de nuestro Pueblo, no íbamos a construir una colonia sobre las espaldas de esclavos. Los gobernantes latinoamericanos del siglo 21 tienen mucho que aprender de quienes los precedieron en el ejercicio del poder hace medio milenio en estas tierras, sobre todo, en cuanto a qué es ejercer la verdadera soberanía.

De:Encuentro Cultural para la Liberación

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